Tortosa, Amposta y Miravet: tres pueblos marcados por el Ebro

Un río como el Ebro, uno de los más importantes de la Península y probablemente de Europa, marca. Tortosa, Amposta y Miravet, los tres pueblos, a orillas de su imponente caudal, son buena muestra de ello. Tortosa fue una sorpresa positiva notable. Sin, posiblemente, la fama de muchas otras ciudades de Catalunya, tiene tamaño y entidad a la altura o incluso por encima en belleza de capitales de provincia como Lleida o Tarragona. Sus puentes sobre el río y su casco antiguo medieval son verdaderamente interesantes. También, su catedral. Mención aparte merece el monumento de época franquista que todavía persiste y que a fecha de hoy genera mucha controversia. Amposta, por su parte, algo más sencilla, humilde, destaca sobre todo por uno de sus puentes, llamativo, con dos puertas -de entrada y salida y que recuerdan a las de un castillo- ofrece amplias vistas sobre el Ebro. Es habitual ver gente remando -muchos, entrenando- ya que es práctica deportiva con tradición en la zona. Miravet, el tercero por tamaño, el más pequeño de ellos, está considerado entre los pueblos más bonitos de Cataluña. En lo alto, llama la atención la presencia de un antiguo castillo templario. Desde la orilla del río, al atardecer, la imagen de Miravet, con las luces reflejándose sobre las aguas del Ebro tiene, sin duda, su gracia.


Peñíscola y el imponente castillo-fortaleza del Papa Luna

Es uno de sus grandes atractivos. Solo dejar el coche cerca de la playa, se levanta, imponente y poderoso, en lo alto, sobre unos sesenta metros sobre el nivel del mar, el castillo-fortaleza que albergó la presencia del Papa Benedicto XIII, papa Luna, durante el siglo XV. Aquellos hechos se sitúan durante el periodo de coexistencia y rivalidad entre dos líneas en la iglesia con dos papas y duros enfrentamientos entre ambos. El papa Luna sucedió a Clemente VII en Avinyó y acabó en Peñíscola huyendo de sus enemigos, hasta ser excomunicado. Hombre culto, fue uno de los grandes personajes de su época. La visita al castillo está más que justificada y recomendada. También, todo el conjunto del casco antiguo alrededor del castillo así como las playas que quedan a ambos lados de este peñón unido a la península por una pequeña lengua de arena que en el pasado, durante los temporales, quedaba cubierta por el agua, incrementando la sensación de inexpugnabilidad de esta contundente fortaleza. Lógico y normal que haya sido escenario de muchas películas y series desde comienzos del siglo XX hasta la actualidad y que los productores de Juego de Tronos gravaran algunos de sus episodios en 2015.


Gombrèn, el Santuario de la Mare de Déu de Montgrony y la leyenda del conde Arnau

En el Ripollés, cerca del Berguedá, es interesante realizar un pequeño paseo de montaña que lleva desde el pueblo medieval de Gombrèn hasta el santuario de la Mare de Déu de Montgrony. Es un paseo de un par de horas largas, ida y vuelta, algo duro en su parte final, que sube desde los 900 metros en los que se encuentra el pueblo hasta los más de 1.300 del santuario. En cualquier caso, vale mucho la pena. Poco transitado (al santuario se puede llegar en coche y en lo alto hay un restaurante-hotel de precios competitivos y menú recomendable), durante el camino en otoño es fácil encontrar gente (muchas, parejas, aunque pocas) yendo a recoger setas. A la vuelta, ya por la tarde y con algo de suerte, nosotros nos topamos con un par de vacas en el camino. Una de ellas, nada timorata aunque sí prudente, comía tranquila mientras le hacíamos algunas fotos. La leyenda del Conde Arnau, nacido y muerto en estas tierras, caballero medieval destacado cuya leyenda dice que fue condenado a cavalcar para la eternidad, se asocia al descubrimiento del Castillo de Mataplana a mediados de los años ochenta.


La Pobla de Lillet, Castellar de n’Hug, las Fuentes del Llobregat y los Jardines Artigas

Las Fuentes del Llobregat dan lugar a uno de los ríos más importantes de Catalunya, cuya desembocadura muere cerca de Barcelona. En su origen, se ha acondicionado desde hace ya años la zona mediante pasarales de madera que permiten disfrutar de un gran espectáculo natural. En lo alto, concecta con Castellar de n’Hug. En el recorrido, varias, bonitas, llamativas y sinuosas pequeñas cataratas o saltos de agua. En fines de semana hay gente pero es asumible. El pueblo, Castellar, destaca por ser uno de los pueblos habitados más altos de la región. En la panadería, tras comprar su tradicional y característico croissant de casi un kilo de peso (800 gramos) y un fuet fabuloso, volvemos hacia abajo en coche, a la Pobla de Lillet (a unos 10 kilómetros) para disfrutar de otro pueblo, algo menos bonito, con varios puentes sobre el río, un núcleo histórico del siglo XIII, una ermita románica y que en 2005 recuperó el carrilet: un tramo ferroviario construído a principios del siglo XX para conectar con una fábrica cementera y también con Guardiola de Berguedá, y que dejó de funcionar a finales de los años sesenta. La antigua fábrica hoy alberga un museo sobre su historia y proceso de producción. Antes, en otra de sus paradas, se encuentran los Jardines Artigas, diseñados por Gaudí como regalo, según datos oficiales, a la familia que da nombre al lugar y que hospedó al genial arquitecto durante su estancia en el valle. Los Jardines, como las Fuentes y el conjunto de esta agradable escapada de montaña, son preciosos. Grata sorpresa.


Mura, Talamanca y un paseo por el Parque Natural de Sant Llorenç del Munt

No está lejos de la capital catalana, en la comarca del Bages, límite oriental y dentro de la provincia de Barcelona, Mura, el pueblo, tiene mucha fama por estar considerado uno de los más bonitos de Catalunya. Ciertamente lo es, si bien como se suele decir, para gustos los colores. Destaca su núcleo histórico, medieval, muy vinculado a la tierra, los olivos, la vid, aunque desde los años setenta a esta parte, con la creación del Parque Natural se ha inclinado más hacia el turismo rural y las segundas residencias de vecinos del Bages o el Vallés. Son interesantes su iglesia románica, de Sant Martí, o la ermita de Sant Antoni, que data de 1716. Por sus alrededores es también muy recomendable realizar alguno de sus paseos -muy accesibles e ideales para hacer en família- hasta llegar, a través de uno de ellos al Gorg del Padre. No muy lejos, originario del siglo X, es interesante la visita al pueblo de Talamanca, que guarda ua historia muy especial para Catalunya. Fue uno de los reductos más resistentes frente a las tropas borbónicas durante la guerra de Sucesión Española, que acabó con Felipe V en el trono y Catalunya sometida. El castillo fue derruido por orden del monarca aunque recostruído posteriormente. El pueblo tiene cierto encanto.


Maresme y Costa Brava, un verano distinto en la playa

Con el inicio de la desescalada ante la pandemia por coronavirus en mayo y durante el mes de junio, la gente, ávida de aire, recluída por obligación y prudencia durante casi dos meses en sus casas sin apenas permiso ni posibilidad de salir, se lanzó a la naturaleza. En las playas la situación fue distinta que en la montaña donde el turismo durante el verano rozó prácticamente el “todo completo”. En la costa, tanto en la zona del Maresme como en la Costa Brava (Cadaqués, Port de la Selva, Illes Medes, l’Estartit, Blanes o Malgrat, entre otros lugares), el panorama fue diferente. No faltó la gente, mayoritariamente autóctona, pero no llegó para cubrir ni remotamente el vacío dejado por la falta de visitantes. Las recomendaciones de países como Francia, Alemania, Holanda, Países Nórdicos o Reino Unido de no viajar a España fueron demoledoras. En algunas poblaciones, el porcentaje de hoteles y restaurantes cerrados fue abrumador. Hiriente y sufrido para las economías regional y locales.

Predominaron las mascarillas, la prudencia, las distancias sociales, las limitaciones de aforo… Con el paso de las semanas la gente fue recuperando la confianza y las playas se fueron llenando -aunque lejos de los estándares de veranos precedentes-. La Costa Brava, posiblemente uno de los rincones más bellos, no solo de Catalunya sino del conjunto del Mediterráneo, ha vivido una sacudida notable, que ha evidenciado la fragilidad de un modelo enfocado en demasía solo hacia el turismo. Lecciones que sacar de una situación crítica como la actual, que parece que el próximo verano -si se cumplen los mejores vaticinios- volverá a cifras precedentes. Bendita normalidad.


El Delta del Ebro, uno de los ecosistemas más singulares de la Península, en riesgo

Es una de las zonas húmedas más grandes e importantes del Mediterráneo Occidental y uno de los ecosistemas también más singulares, propios, pero también frágiles de la Península. Se creó un Parque Natural en los años ochenta, que por tamaño solo es superado por el de Doñana. Ocupa unos 300 kilómetros cuadrados y se divide en base al paso del río Ebro, dejando amplias extensiones de tierra a derecha e izquierda. Entre ambas zonas se reparten núcleos como Sant Carles de la Ràpita, l’Ampolla o Amposta (esta última con un precioso puente, bonito y recomendable). La zona del Delta se puede visitar durante todo el año, si bien el paisaje, dominado sobre todo por los arrozales, muta de forma contundente desde la aridez propia del invierno a la abundancia de agua de la primavera o el verde del verano. El arroz, por supuesto, es el producto estrella, que cocinan de mil formas distintas y todas deliciosas. Sabrosas. El animal por excelencia es un ave, muy presente y visible desde diversos miradores, como es el flamenco. Elegante. Entre sus playas, destaca la del Trabucador (una fina lengua de arena, que puede acabar por desaparecer en época de lluvias, tormentas o cambios de mareas bajo las aguas) y que brilla, sobre todo al atardecer, con sus salinas, todavía en funcionamiento, a lo lejos. O en el otro extremo, el Faro del Fangar, solitario, visible todo el rato, coronando una playa de más de tres quilómetros de largo y llena de dunas.


‘Disparando’a los aviones, en El Prat de Llobregat

Bonita e interesante experiencia la vivida este febrero en la zona de El Prat de Llobregat, ya muy conocida por sus espectaculares vistas sobre el aeropuerto y el despegue o aterrizaje de aviones. Impresionante. Y perfectamente acondicionado. Gran trabajo el realizado en toda esta parte del delta del Llobregat no solo para la práctica de lo que se conoce como ‘spot photo’ (foto de aviones) sino también para dar una vuelta, caminar, ir en bici, correr, hacer ejercicio, montar un  pequeño pícnic… Muchos miradores desde donde vivir la experiencia y también varias pistas por las que hacer kilómetros. Familias con niños pequeños, parejas, grupos de amigos… disfrutando en este caso de la aproximación de las aeronaves antes de tomar suelo. Enormes pájaros de acero, ultrasofisticados, que vistos desde esta perspectiva y forma parecen menos llamativos, más cercanos, más terrenales, menos celestiales o divinos, que cuando uno se sube o los ve en el aeropuerto. Curiosa sensación. En cualquier caso, fantástica y muy recomedable experiencia, a tiro de piedra de Barcelona y con muchas posibilidades al alcance. Entre ellas, aparcamientos a escasos centenares de metros de los mejores lugares desde donde divisar las aproximaciones de estos gigantes alados, de sus panzas, morros afilados, poderosos y extrañamente silenciosos motores…


La borrasca “Gloria” destroza las playas de Barcelona

Se la esperaba el domingo por la tarde. Le costó arrancar pero una vez lo hizo, la borrasca “Gloria” dejó grandes y serios destrozos en la Península, Catalunya y, también, en Barcelona. Por suerte, en la capital catalana no hubo que lamentar víctimas mortales pero sus efectos se calculan en cientos de miles de euros, especialmente sobre mobiliario urbano (la escultura “David y Goliat”, en la Vila Olímpica, con papel destacado y lamentable -se vino abajo-). En las playas, el escenario era desolador. El agua, las olas y el poderoso e indomable viento arrasaron con todo. Hacía años que no se vivía ni veía un panorama parecido. Según los expertos, puede haber sido el peor temporal de este siglo XXI. En el conjunto del estado el número de fallecidos supera la decena. En el Delta del Ebre su impacto ha sido demoledor, como también en toda la cuenca del río Ter, con inundaciones inesperadas y los embalses al límite e, incluso, por encima de su capacidad.

En lo que se refiere a las playas de Barcelona, el miércoles por la tarde, ya con el “Gloria” algo de bajada, éste fue el panorama que había.


Zaragoza, quinta de España

Nadie  a priori -o por lo menos uno mismo- imaginaría que Zaragoza tiene la fuerza y vitalidad que atesora, como demuestra el hecho que sea por población la quinta de España: con más de 700.000 habitantes, solo por detrás de Madrid, Barcelona, Valencia y Sevilla. Atesora prácticamente la mitad de la población de Aragón ( eso tendría que dar pie a reflexiones sobre la situación en el campo y ámbito rural, que remite a la ya conocida reivindicación: “Teruel existe”). La realidad es que Zaragoza es francamente muy interesante más allá de la majestuosidad e imponencia de templos como la Seo o, sobre todo, el Pilar. Espectaculares ambas.

No muy lejos, se encuentra la Aljafería, muestra de arte mozárabe del que Zaragoza y Aragón son buenas muestras, construída en el siglo XI durante la ocupación islámica -ésta se extendió entre los siglos VIII y XII hasta la reconquista de Alfonso I ‘el Batallador’-. Su historia es apasionante empezando por el nombre que remite a la presencia romana, “Caesaraugusta”, en honor a dicho emperador y que data del año 14 a. C. En cualquier caso, el origen se encuentra en un pueblo íbero de la segunda mitad del siglo III a.C., Selduie. Su actual reformulación es mezcla o consecuencia de la presencia árabe que hizo que su nombre pasara a ser ya muy parecido al actual: “Saraqusta”. Sea como fuere, lo dicho, Zaragoza tiene mucho. Destacan: su zona de tasca y vinos en el centro, conocida popularmente como “El Tubo”, sus tapas, la presencia y homenaje a Goya, sus gentes que durante nuestra visita iban ‘arreglados’ -época de comuniones y bodas-,  restos romanos encontrados recientemente, espacios culturales con buenas exposiciones… O la cercanía del río Ebro, fundamental para entender esta ciudad, nudo de comunicaciones privilegiado, cercano a Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao o Tolosa.