Sagrada Familia, icono mundial

Cuestar creer aunque a veces sucede que la realidad supera no solo la ficción sino cualquier expectativa creada. Más, en un mundo como el actual donde cada día se generan cientos de miles de imágenes, muchas pasadas por extraordinarios sistemas de captura computerizada y después procesadas posteriormente haciendo de esa fotografía una reproducción superlativa de aquello inicialmente observado. El mundo se transforma de este modo en una dimensión paralela enbellecida a la enésima potencia. En este contexto, la Sagrada Familia es una rara avis. Pese a que hay y circulan excepcionales instantáneas, ninguna se acerca o permite experimentarla como se hace en primera persona, desde dentro. Espectacular. Gaudí era sencillamente un genio. Más de 100 años para construir una obra que por dentro y por fuera se inspira en la naturaleza. En la aplicación que seguimos pudimos escuchar que el objetivo es que no fuera más alta que la montaña de Montjuïc “porque nada construido por el hombre debe superar aquello creado por Dios”. Muchas referencias en las fachadas a la vida de Jesús y a escenas de la Biblia y un interior colorido exquisito y apabullante, sabiendo jugar con las luces de forma magistral. Delicada simbiosis entre construcción religiosa y la experiencia de un bosque. La Sagrada Familia debe, por méritos más que sobrados, constar entre el listado de las grandes obras mundiales y univerales erigidas por el hombre, al lado de la Torre Eiffel, la Muralla China, las Pirámides, el Coliseo o la Estátua de la Libertad. A veces el ingenio y la creatividad humana son capaces de lo mejor.

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La Pobla de Lillet, Castellar de n’Hug, las Fuentes del Llobregat y los Jardines Artigas

Las Fuentes del Llobregat dan lugar a uno de los ríos más importantes de Catalunya, cuya desembocadura muere cerca de Barcelona. En su origen, se ha acondicionado desde hace ya años la zona mediante pasarales de madera que permiten disfrutar de un gran espectáculo natural. En lo alto, concecta con Castellar de n’Hug. En el recorrido, varias, bonitas, llamativas y sinuosas pequeñas cataratas o saltos de agua. En fines de semana hay gente pero es asumible. El pueblo, Castellar, destaca por ser uno de los pueblos habitados más altos de la región. En la panadería, tras comprar su tradicional y característico croissant de casi un kilo de peso (800 gramos) y un fuet fabuloso, volvemos hacia abajo en coche, a la Pobla de Lillet (a unos 10 kilómetros) para disfrutar de otro pueblo, algo menos bonito, con varios puentes sobre el río, un núcleo histórico del siglo XIII, una ermita románica y que en 2005 recuperó el carrilet: un tramo ferroviario construído a principios del siglo XX para conectar con una fábrica cementera y también con Guardiola de Berguedá, y que dejó de funcionar a finales de los años sesenta. La antigua fábrica hoy alberga un museo sobre su historia y proceso de producción. Antes, en otra de sus paradas, se encuentran los Jardines Artigas, diseñados por Gaudí como regalo, según datos oficiales, a la familia que da nombre al lugar y que hospedó al genial arquitecto durante su estancia en el valle. Los Jardines, como las Fuentes y el conjunto de esta agradable escapada de montaña, son preciosos. Grata sorpresa.


“Els Quatre Gats”, un clásico del modernismo catalán, con aires bohemios y una historia algo agitada

“Els Quatre Gats” es un restaurante con mucha fama, en el centro de Barcelona, muy cerca del Porta de l’Àngel y la Catedral, entre las esquinas de las calles Patriarca y Montsió, de aires modernistas y ejemplo, muestra, de los aires bohemios, inspirados en la Francia de la época, de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Su historia, en cualquier caso, es más corta y discontínua de lo que uno podría imaginarse. Se instaló en los bajos de un edificio de planta baja y tres pisos, obra de un joven e incipiente Puig i Cadafalch, que se había construído donde antes había un convento, el de “Nostra Senyora de Montsió”, que se trasladó “piedra a piedra” primero a Rambla Catalunya con Roselló y, más tarde, fuera de Barcelona. Era dominico y de difícil encaje con los aires anticlericales de comienzos del siglo XX.

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