“Els Quatre Gats”, un clásico del modernismo catalán, con aires bohemios y una historia algo agitada

“Els Quatre Gats” es un restaurante con mucha fama, en el centro de Barcelona, muy cerca del Porta de l’Àngel y la Catedral, entre las esquinas de las calles Patriarca y Montsió, de aires modernistas y ejemplo, muestra, de los aires bohemios, inspirados en la Francia de la época, de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Su historia, en cualquier caso, es más corta y discontínua de lo que uno podría imaginarse. Se instaló en los bajos de un edificio de planta baja y tres pisos, obra de un joven e incipiente Puig i Cadafalch, que se había construído donde antes había un convento, el de “Nostra Senyora de Montsió”, que se trasladó “piedra a piedra” primero a Rambla Catalunya con Roselló y, más tarde, fuera de Barcelona. Era dominico y de difícil encaje con los aires anticlericales de comienzos del siglo XX.

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“Els Quatre Gats” se abrió el 12 de junio de 1897 y se mantuvo así hasta 1903. Su impulsor, Pere Romeu, descrito como “idealista” tenía mucho de eso pero poco de empresario y las deudas crecieron hasta hacerse insostenible el negocio. De todos modos, en esos pocos años que estuvo abierto, “Els Quatre Gats”, fue toda una referencia del mundo artístico e intelectual de por entonces frecuentado por figuras como Rusiñol, Albéniz, Casas, Gaudí, Enric Granados o Picasso. Éste, con apenas 17 años, celebró en el Saló Gran de este restaurante su primera exposición -según información del propio local- que constaba de 25 retratos y dibujos a color. También fue el encargado del diseño de la cubierta del primer menú del día. Se habla de una muy buena relación -y también admiración- por Casas, “superdotado” para el cartelismo y el retrato. Tanta es la importancia del paso del artista malagueño por sus salones que dentro de la sección dedicada a la historia del restaurante cuenta con un apartado específico. En él leemos, por ejemplo, que el genio andaluz había llegado a Barcelona en 1895 acompañando a su padre, profesor en la Llotja, donde él también ingresaría sin dificultades.

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De los orígenes del edificio, se habla de la marcha del convento, de la construcción del edificio modernista por encargo del empresario Martí, que dio nombre a la casa y que tuvo como uno de sus primeros inquilinos a un pariente de Jacint Verdaguer, Narcís Verdaguer, que instaló su despachó de abogados en este edificio y por el que pasó también, en fase de formación, un joven ampurdanés, Francesc Cambó. En los bajos de aquel despacho es donde luego abriría “Els Quatre Gats”.

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