Museo Etnológico de Barcelona

En la montaña de Montjuïc, en Barcelona, a pesar de no ser muy conocido, deslumbrado por el nombre y las muy interesantes exposiciones de otros espacios culturales de la ciudad emplazados en esa zona como el Caixafòrum, el Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC) o el Museo Miró, encontramos el Museo Etnológico. Su proyecto empezó a caminar en los años diez del siglo pasado y se concretó en dos propuestas en paralelo en los años cuarenta – el “Museu d’Indústries i Arts Populars (1942) y el “Museu Etonològic i Colonial (1949)– que se unieron de forma definitiva en 1999. Su sede actual data de 1973 y permite una introducción, sobre todo, a la antropologia o lo que para ellos es lo mismo: “la ciencia de la gente”. De forma muy simple, permite reflexionar sobre la sociedad partiendo de sus objetos, combinando “conocimiento científico y estético”. Es un espacio, pequeño, con cierta gracia, nada pesado y que permite una pequeña aproximación a todo ese mundo.


El MNAC, gran referente europeo del arte románico

Hacía algún tiempo que no lo visitaba pero la pandemia y las restricciones poco margen dejan. Era, por lo tanto, un buen momento para volver a espacios y lugares de la ciudad con algo menos de protagonismo en la agenda. El Museo Nacional d’Art de Catalunya (MNAC) es uno de los grandes espacios culturales de Barcelona y gran referente del románico europeo. Su Pantocrátor, recuperado del ábside de la iglesia de Sant Climent de Taüll, es su gran icono y también una de las obras de arte más destacadas de la historia universal. Sin duda, es el cúlmen en cierta manera del románico. O por lo menos, del románico en Catalunya. Las muestras de ese periodo en el MNAC son ingentes, de calidad y muy bien presentadas. Pero es que este espacio, además de ocupar un edificio singular y potente, grande en dimensiones y de enormes y decoradas cúpulas, permite un amplio y detallado recorrido por el Medieval Gótico, Renacimiento, Barroco y Arte Moderno. Las explicaciones contextualizan históricamente las piezas y, a su vez, son abiertamente didácticas sin ser necesariamente complacientes, reflejando las claves para entender mejor las intenciones de los artistas. Gaudí, Jujol, Picasso, Miró, Fortuny, Casas, Rusiñol… aportan ese extra de prestigio que todo el conjunto rezuma y que completa el contenido de un equipamiento que merece, por razones obvias, figurar entre los más destacados del Continente.