“El librero de Kabul” (Asne Seierstad)

Lo primero, hay que ponerse en contexto. El libro está escrito en 2002, poco después  de la intervención militar de Estados Unidos, la expulsión de los talibanes y los atentados contra las Torres Gemelas de Nueva York en septiembre de 2001. Asne Seierstad, periodista noruega, reportera de guerra y escritora, decidió viajar a Afganistán y establecerse en Kabul en febrero de aquel año. Lo hizo mediante un formato original, peculiar y distinto. Conoció a una familia más o menos bien situada, burguesa (para los estándares del país), que hablaba mayoritariamente inglés (la autora no dominaba el dari) y decidió vivir unos meses con ellos.

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Pakistán, al filo del abismo

Pakistán es un país complejo, lleno de matices y muy alejado de cualquier aproximación simplista o que pueda sintetizarse -como en este texto- en unas pocas líneas. Guarda unas relaciones de vecindad difíciles, rodeado por Afganistán e Irán, con los que comparte frontera, pero sobre todo por sus delicadas relaciones con India, desde la partición del Imperio Británico en 1947; y con una relación también muy complicada y sensible con Occidente -y en especial, con Estados Unidos, tras su campaña de 2001 después de los atentados contra las Torres Gemelas, con la población muy dividida y polarizada-. Y sin olvidar, por supuesto, los intereses chinos que tampoco se olvidan de aquella parte del mundo. Los actores, por lo tanto, son muchos. A lo que añadir, desde su independencia y a largo de su historia, varios y habituales golpes de estado militares que han puesto en jaque su frágil y poco asentada democracia, que cada vez se ha visto sacudida y tambaleando cada pocos años. El Ejército, como es casi vox populi, es una especie de poder en la sombra, moviendo sin demasiado disimulo los hilos entre bambalinas.  Y la mujer sufre una situación como pocas en el mundo, víctima seria de discriminación y lejos de la igualdad de oportunidades, derechos y trato. La religión musulmana, en este sentido, lo impregna todo y los elevados niveles de corrupción y altos índices de analfabetismo facilitan que retos como el de los talibanes encuentren terreno abonado para sus ideas extremistas a través, sobre todo, de las madrasas o escuelas coránicas Sin duda, Pakistán presenta un escenario para nada sencillo. Eso sí, es un gran país en dimensiones, población y recursos, que -ojalá- pueda tener por delante un futuro lleno de buenas y crecientes posibilidades.